Cazadora de preocupaciones


Se desliza tímidamente por el terreno de la paranoia. Es difícil saber si tiene días apacibles, unos en los que no le sea arrebatada la tranquilidad por una preocupación.

Sus preocupaciones invaden a todos y todos son invadidos también por sus preocupaciones.

Es a la vez cómico como desesperante el hecho de que hasta las cosas mas simples tomen dimensiones monstruosas en unos instantes. Un simple ruido, una basurita en el suelo, un olor, el viento, la lluvia, una alarma, una mancha, un ladrido, una llamada, un mensaje, un dispositivo que no enciende, una cucaracha, un pedido, una respuesta, el silencio, el sol, una cita, una amiga, un hermano, una noticia, una historia, los pasos del vecino.

Unas preocupaciones son válidas, otras exageradas.

Yo intento alejarla de su estado permanente de alerta sin éxito. En ocasiones he notado que sólo basta con ignorar su preocupación para que eventualmente desaparezca, algo que aplico cuando considero que está fuera de lugar.

Darle paso a un chiste, una broma, reír juntos, a veces puede ser la solución perfecta. Pero basta que nos pongamos serios por una situación que nos aqueja para que la armonía desaparezca y el monstruo haga su aparición.

Un monstruo que se alimenta en primer lugar de la desesperación, la impotencia, la decepción y la impaciencia. Tiene la capacidad de devorar toda tu seguridad si se lo permites. Ignorarlo no vale de mucho, se hace más fuerte, más ruidoso e imponente. Tienes que enfrentarlo, como quien se alista a una batalla sin la certeza de regresar. Una batalla que sabes que te robará toda tu energía.

No puedo hacer nada por ahora, solo disfrutar delos momentos felices, aquellos donde el monstruo está descansando.

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