La inmortalidad de las palabras


Siempre intento buscar la razón o el porqué de la cosas, algunas veces esto suele traerme problemas e incluso angustia. En ocasiones saber sobre un asunto más allá de lo superficial te crea una especie de responsabilidad o peso, que una vez que lo adquieres te das cuenta que quizás era posible ser feliz ignorándolo.

Saber demasiado puede destruirte, ignorar demasiado resulta ser igual de mortal,  es necesario el equilibrio, quizás por eso tenemos la sensación de que los que ignoran más aparentan ser mas felices que algunos sabios.

¿A que viene todo esto de la búsqueda de la razón? En concreto porque un día me propuse encontrar la razón por la que realmente escribo.

Escribir es un ejercicio intelectual que hago desde temprana edad, independientemente de las exigencias académicas o lo que un determinado trabajo puede requerir, escribir es algo que en cierta forma disfruto hacer y en cada etapa académica me he rodeado de profesores, autores y contenido que ha alimentado mi motivación, interés y habilidades hacia las letras aunque no sea formalmente mi campo de estudio.

Considero que en general (aunque parezca lo contrario a veces) no poseo naturalmente las habilidades sociales que otros portan, siendo Asperguer, quizás me he tenido que esforzar un poco más para comprender muchas situaciones sociales, involucrarme y lidiar con ellas. Por ello el dominio del lenguaje ha sido para mi transcendental y ahora con perspectiva me alegra haber dedicado suficiente tiempo en adquirir habilidades en el lenguaje tanto escrito como oral.

He escuchado las razones por la que escriben otras personas, unas encuentran libertad en la letras, otros belleza. Una vez escuché una razón que me gustó: "escribir es una forma de psicoanalizarse", no lo había visto desde ese ángulo. Cuando escribes lo que piensas, en cierto modo conversas contigo mismo y a veces puedes llegar a reflexiones más profundas que las que puedes alcanzar
sin escribir.

Cuando piensas sin escribir se escapan ideas, cuando escribes tienes la oportunidad de registrarlas, analizarlas, pulirlas, retomarlas. De cierto modo las letras adquieren vida propia e interactuar con esa forma de vida se nos hace a muchos algo interesante.

Desde hace relativamente poco tiempo practico un estilo libre de escritura. Es cierto que las reglas tienes una razón válida para existir y también para acatarse, pero me ha preocupado el hecho de que ideas importantes se escapen en la rigidez de la estructura un cuento, un ensayo, un artículo o una reseña. Escribir es un acto simple y puede que nos abstengamos de registrar lo que podrían
ser interesantes conclusiones sólo por que no escribimos bajo una estructura o con un objetivo definido.

Al relajar un poco las reglas de composición escrita hallé la verdadera razón por la que escribo.

Escribiendo no pretendía llegar a interesantes conclusiones, abordar temas hábilmente, compartir mis opiniones, redactar buenos ensayos o componer atrapantes crónicas. La razón por la que escribo se encuentra ligada a la inmortalidad de las palabras.

Inmortalidad, transcendencia, todos algunas vez sienten el deseo de vencer la barrera del tiempo, de dejar un legado o que ciertas cosas se mantengan igual por tiempo indefinido, pero el comportamiento del universo nos recuerda que el cambio es la norma. Las letras son diferentes, estas por encima de cualquier otro recipiente, tienen la oportunidad de trascender.

Tomando en cuenta que aun leemos lo que hombre primitivo plasmó en las cavernas, podemos decir que hace falta mucho más que miles de años para destruir el lenguaje y el acto de escribir como una forma de inmortalidad.

Durante toda nuestra vida dialogamos con nuestros antepasados, digo dialogamos porque a pesar de que no podemos interactuar al igual que con un individuo presente, siempre obtendremos gran parte de las repuestas que buscamos a través de los pensamientos, ideas y escritos que nos dejaron.

Seguimos contando las mismas historias, seguimos teniendo presente los hechos que tuvieron lugar alguna vez porque alguien los escribió, y por estar escritos tuvieron la oportunidad de trascender.

Hace un mes revisando unos papeles encontré un ensayo que escribí cuando tenia 12 años. Cuando leí aquel escrito fue como si mi versión de 12 años viajara en el tiempo y platicara conmigo, pude recordar los sueños, miedos, ideas y las creencias que tenia en aquel momento. En comparación a aquella época, mi evolución ha sido radical y luego de leer aquel ensayo confirmé la inmortalidad de aquellas palabras, que trascendieron más de una década y me dieron la posibilidad de reencontrarme con mi yo del pasado.

Terminaré este escrito con una invitación a escribir. Las letras son vida, dale vida a tu historias, a tus sueños, a tus proyectos, a tus pensamientos, deja que tu arte  y creatividad transciendan con la inmortalidad de las palabras.

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