El círculo vicioso de la historia



Una vez escuché que la historia de la humanidad transcurre atrapada en un ciclo de: falsa libertad, dictadura, crisis y revolución.

Aquella declaración en su momento tuvo cierto impacto, porque prácticamente para mí describía el devenir al que
ha estado sometida la humanidad desde el surgimiento de las civilizaciones.

Cualquier suceso de la historia que selecciones aleatoriamente , podrás encajarlo perfectamente en dicho ciclo. Declaraciones de independencia, golpes de estado, alzamientos, protestas, crisis económicas, guerras, conflictos de poderes, prosperidad, crecimiento económico...

Tan sólo determinar la etapa del ciclo en la que se encuentra un determinado evento podríamos incluso ser capaces de adelantarnos a los escenarios sucesivos.

Ademas de dicho ciclo, también podemos agregar que en general la estructura social permanece constante si agrupamos a todos sus elementos de la siguiente manera: ciudadanos, esclavos y reyes.

Tanto el ciclo como la estructura social al que se hacen referencia bien podrían valer si nos ubicamos en el siglo II, el siglo XV o el siglo XXI, sería exactamente el mismo modelo. Sólo habría que hacer la acotación de que el rey podría presentarse para los efectos de este texto bajo distintas denominaciones: dictador, emperador, déspota, caudillo, tirano, presidente, primer ministro. No debemos confundir la denominación utilizada con las cualidades de la persona que la ostenta, pues podemos encontrar unos emperadores, dictadores, caudillos o déspotas útiles a su pueblo, unos útiles sólo a si mismos y otros inútiles.

Por otra parte, la dictadura también la podríamos asociar con los siguientes nombres: feudo, estado, democracia... Sea cual sea el nombre utilizado, nos son útiles si se refieren al ejercicio del poder de un grupo o una persona.

Lamentablemente en los eventos que ha registrado la humanidad se puede evidenciar un curioso comportamiento: el papel pasivo de los ciudadanos. Por contradictorio o inválida que parezca esta afirmación, se podría decir que los ciudadanos no han participado activamente en el ciclo antes mencionado. Suelen mantenerse al margen del desarrollo de las acciones que permiten pasar de una etapa a otra del ciclo. Esto por una sencilla razón: los ciudadanos al final son una especie de cómplices del poder.

En toda sociedad, podríamos decir que esa masa de personas a las que denominamos circunstancialemente ciudadanos, siempre establecen un pacto implícito con el poder de turno: trabajo por dinero, bienestar por ceder derechos, libertad económica por autoritarismo o totalitarismo...

Podemos identificar innumerables pactos que establecen los ciudadanos con quienes ejercen el poder. Pactos cuyo único objetivo es el mantener por el mayor tiempo posible las primeras tres fases del ciclo: falsa libertad, dictadura y crisis.

La dictadura tiene lugar cuando los pactos comienzan configurarse de una forma desbalanceada y unilateral, otorgando a quienes detentan el poder más atribuciones y control en la vida social.

La crisis se presenta cuando los pactos comienzan a desmoronarse, pero aún a sabiendas de eso, los ciudadanos siguen siendo el sostén del poder. Contentos o no, conformes o no, el poder se alimenta de los ciudadanos a través de su trabajo, energía, creatividad, conocimiento, fuerza o dinero.

Entrada la crisis, no son los ciudadanos los que toman las acciones, sino los esclavos, los olvidados, los marginados, los pisoteados, los abandonados, los maltratados, los violados. Es irónico que sean aquellos que tienen menos recursos o quizás ninguno sean los que tomen la iniciativa de enfrentarse al rey, al emperador, al dictador o quien ejerza el poder.

La razón por la cual esto sucede es simplemente porque los esclavos no tienen nada que perder. Al no tener nada que perder carecen de miedo, de expectativas, de control, de racionalidad. Es comprensible que un ser que lo ha perdido todo, que se ha visto en el fondo y que ha transitado su camino en la oscuridad por mucho tiempo sea el único capaz de tomar las acciones más radicales.

Increíble o no, muchos hechos confirman que es el esclavo quien termina derrocando el poder. Bajo esta lógica que podría parecer antinatural desde un inicio, los papeles se invierten, los ciudadanos emergen como los verdaderos esclavos y los esclavos se convierten en factores de cambio.

Como si de una metáfora derivada del Taoísmo se tratara, quizás dentro de la oscuridad que ha rodeado la vida de un esclavo, emerge una luz, acompañada de una fuerza, pero no una fuerza común, sino una capaz de destruir a cualquier emperador, capaz de hacerle frente a cualquier reto, y superar cualquier obstáculo. Podemos inferir que en esta etapa el esclavo tiene posibilidades infinitas. Quizás otorgadas al  salir de su zona de confort, (aunque parezca una locura, cualquier individuo independientemente de su posición social puede estar en una  zona de confort) zona donde aún se encuentra el ciudadano.

El esclavo sin duda es un ser atípico, porque podríamos pensar qué lo único valioso con que cuenta es su vida, sin embargo él ya esta muerto. No literalmente por supuesto, sino que él ya ha asumido su muerte y esto sucedió cuando le fueron arrebatadas todas las cosas que para él merecían valor.  Al ser despojado de tal manera, solo le cabe un su espíritu los sentimientos más intensos: resentimiento, venganza, odio... Usualmente termina formando una poderosa motivación destructiva, aquí es cuando los emperadores deberían comenzar a preocuparse.

Ya la crisis se ha desarrollado y los esclavos comienzan a transformarse en la fuerza que tarde o temprano termina derrocando al poder.

Cabe destacar que además de los esclavos, otros emperadores o agentes externos de gran influencia pueden provocar revoluciones e influir en las crisis, sin embargo ellos tendrán necesariamente que utilizar a los esclavos.

Luego de una merecida crisis, la sociedad entra a la etapa de revolución, rebeldía, levantamiento. Parece un desatino el hecho de que es el mismo rey quien produce, somete y mantiene a los que eventualmente lideraran su propio derrocamiento. ¿Por qué razón entonces los reyes se arriesgan a tener esclavos?  Quizás porque todo sistema de poder necesita esclavos. Los ciudadanos cumplen su rol a favor del poder, pero los esclavos están dispuestos a todo a cambio de prácticamente nada. El hecho clave se origina cuando se produce el quiebre del esclavo, que está relacionado con el rechazo de su destino y el desecho de la esperanza. Una vez dadas las condiciones, la revolución no acaba hasta que el esclavo vea realizadas sus aspiraciones.

Por eso aquella frase de que la esperanza es lo último que se pierde, que todo tiene su tiempo y otras similares siguen siendo tan efectivas para apaciguar las energías y le dan precisamente al poder la oportunidad necesaria para dilucidar las intenciones de los esclavos y acabar con ellos antes de que comiencen a provocarles problemas.

Los que profundizan en los hechos históricos eventualmente evidencian como el poder se encarga de borrar las acciones o logros liderados por los esclavos. Son los ciudadanos, representando el papel de fieles sirvientes, provistos de razón y luces los que cubren el protagonismo, los que declaran la independencia, los que firman las actas. Porque si fuera de otro modo, las sociedades posteriores crecerían sabiendo que los esclavos pueden ser peligrosos, que son capaces doblegar a los emperadores y e incluso de exterminarlos.

Ahora bien, ¿cómo transcurre el paso de la revolución a la falsa libertad? No será muy difícil convencerse de que la mayoría de los esclavos no destacan por su inteligencia, sino por su valentía y fuerza. Al no quedar muchas luces cuando finalizan las revoluciones, es de esperarse que los cimientos de la nueva sociedad no sean perfectos, que los pactos que construyan sean débiles, abusadores, injustos. La avaricia, la sed de poder, la ambición emergen y dados los bajos niveles de energía, no hay ánimos suficientes para hacer frente a aquellos desajustes.

Se terminan aceptando los pactos hipócritamente sólo para traer la anhelada paz que a aquellos que no participaron activamente en el conflicto, los ciudadanos. Y así es como finalmente se llega a la mencionada falsa libertad, para nuevamente devenir a alguna forma de dictadura, darle paso a otra clásica crisis terminando con una explosiva revolución.

Por los siglos de los siglos hasta el fin de la humanidad, el ciclo se cumple, como una especie de macabro chiste sobre el hombre, que a veces, parece pensante.

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