¿Están los humanos condenados a la autodestrucción?



La humanidad parece ser la única especie que no ha logrado hasta ahora convivir en equilibrio con su entorno. Todo logro de civilización tiende a estar acompañado casi inevitablemente de actos de barbarie y destrucción. Lamentablemente se podría considerar que la existencia humana está inserta en una mecánica que tiene fundamentalmente dos fines: anotarse en una carrera para agotar los recursos disponibles y luego competir por el control de esos pocos recursos.

No es casualidad que la esencia de la ciencia económica se fundamente en el principio de la escasez y la necesidad de pensar en la mejor manera de invertir los recursos disponibles, en otras palabras, contamos con una oferta limitada para satisfacer las infinitas demandas o necesidades de la humanidad. Quizás lo que nos diferencia del resto de las especies es precisamente esa ambición desmesurada, aunque bien nos ha llevado a resolver muchos de nuestros problemas a lo largo de la historia, lo cierto es que estamos acabando con nuestro planeta.

En el fondo no nos alejamos demasiado de las sociedades primitivas que solo se dedicaban a apropiarse de los recursos disponibles para sobrevivir sin prestar mayor interés en su reproducción, mantenimiento o cuidado. Ciertamente estamos agotando todo y he ahí nuestra gran falla, porque como especie estamos haciendo precisamente todo lo que se requiere para dejar de existir, el humano se encuentra inmerso en la ironía de usar todo su ingenio para sobrevivir y al mismo tiempo con ello provoca las circunstancias que atentan contra su propia existencia.

Desde tiempos ancestrales el apetito devorador de recursos del humano lo motivó a acabar con otras especies y luego con una mejor compresión de las variables de nuestro entorno, las actividades humanas fueron requiriendo más energía para satisfacer el ritmo de crecimiento y fue allí cuando empezó la era energética, protagonizada por la explotación de los combustibles. Recientemente he ahondado en algunas de las practicas que en las que se incurren en la explotación de petróleo, específicamente el petróleo de esquisto.

Ciertamente en toda actividad de extracción de minerales siempre hay un impacto grave en el medio ambiente, pero no me había percatado hasta ahora de la magnitud del problema que estamos por vivir. Por diversos razones la humanidad ha alterado el clima, los ecosistemas, las clásicas fuentes de sustento y ahora le toca al agua. La contaminación al líquido vital es de vieja data, pero particularmente la extracción de petróleo de esquisto, lleva las cosas a otro nivel, pudiendo afectar las fuentes subterráneas hasta el punto de ser irrecuperables.

Las especies, el agua, las selvas, los bosques, la tierra, todo, poco a poco se va agotando y el humano en lugar de reunir esfuerzos para corregir su conducta, empieza a seducirse con la conquista de otros planetas, explotación de minerales en el espacio. Esto solo denota que nuestra verdadera naturaleza no es hallar el equilibrio, sino acabar con cada especie, planeta o recurso que disponga el universo y luego ¿qué vendrá?

Quizás el humano es un virus que aqueja este planeta, una forma de vida que se convirtió en un error y ahora amenaza seriamente con su destrucción, quizás la solución de salvar el planeta comienza con quitarnos de la escena. Soy optimista, la humanidad tendrá que evolucionar y deberá aprender a vivir en equilibrio.

© Alejandro Guipe | Derechos Reservados.  http://alejandroguipe.com

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