Ley, guerra y justicia


Hace poco escuché una frase que envolvía una cruda verdad, una de esas verdades que merecen reflexión y he aquí el motivo de éste artículo:

“Todo lo legal no siempre es correcto y lo correcto no siempre es legal”

Aclaro que no ignoraba la realidad y las implicaciones que desnudan ésta trivial frase, la afirmación no me sorprende, sin embargo me parece útil para resumir algunas conclusiones a las que he llegado a lo largo de mi existencia.

Con el tiempo observas que las leyes no son más que instrumentos que diseñaron los poderosos para armonizar su convivencia con aquellos que ostentan menos poder.

Pienso que la mayoría de las conductas que consideramos “civilizadas” tienen su origen en comportamientos primitivos, esos que pertenecen más al terreno de los instintos que al de la racionalidad que supuestamente nos caracterizan a los seres humanos. Tomando en cuenta la idea anterior, las leyes pudieron haber surgido como una solución que estableció el poder para mantener su hegemonía.

Asumamos que el hombre primitivo (con esto me refiero sobre todo al hombre antes del surgimiento del dinero) contaba con tres opciones para considerarse poderoso: la fuerza, la inteligencia y los recursos naturales disponibles, todas o alguna de éstas características le otorgaban cierta ventaja sobre los demás, sin embargo: ¿cómo mantener esa ventaja a lo largo del tiempo? La respuesta es: “la guerra”. La guerra es el acto que permite mantener el control del poder,  el conflicto bélico describe en el fondo una lucha de poderes.

Antes de que las sociedades basadas en leyes, códigos o normas fueran populares, las guerras se repetían innumerables veces, un fenómeno que también se mantiene en la actualidad, quizás con menor grado. Luego de las guerras viene la paz y es allí donde es necesario los pactos, de preferencia escritos, para que aquellos que no poseen el control del poder deban comportarse de acuerdo a las necesidades de los poderosos.

Solemos escuchar que: “las leyes son acuerdos o pactos sociales que todos o la mayoría componen para convivir en armonía”, “la ley es el orden, lo contrario es el caos”, pero esto probablemente puede estar más cerca de la utopía que de la realidad. El poder configura sistemas que están orientados continuamente  a programar a los individuos a respetar y cumplir las leyes, unas leyes que en su mayoría no forman parte de ningún acuerdo o pacto porque nos las fueron impuestas en primera instancia, nacimos con ellas. Por otra parte, el supuesto orden que vende la ley, no siempre representa un orden justo, sino un orden que beneficia al poder y mantiene en desventaja al individuo “sin poder”.

La única manera de evadir la imposición y revertir la desventaja es entrar en lo que yo denomino: “el ciclo de reforma”,  que consiste en el conflicto-guerra-paz-conflicto. Entrar en el ciclo de reforma requiere que los individuos se organicen en grupos y que estos superen en fuerza, inteligencia y recursos a los que ostentan el poder, características a las que nos referimos un par de párrafos antes.

Por ello podemos observar que la ley representa el orden y la paz para aquellos que han ganado “el ciclo de reforma”, los victoriosos, los que han luchado y han conquistado, los que han derribado al otro, ellos son los únicos que pueden sentirse en armonía con la ley. Ésta realidad evidencia que las guerras entre los seres humanos serán interminables porque la ley potencia el descontento de los grupos desfavorecidos, lo cual motiva el conflicto que lleva a la guerra y por último llega la paz temporalmente por imposición de la ley del ganador y se repite así incontables veces el ciclo. Lo que nos hace tomar nuevamente la afirmación inicial: “todo lo legal no siempre es correcto y lo correcto no siempre es legal”. El individuo en desventaja puede tomar una asumir correcta sin que necesariamente ésta posición sea legal, porque la ley es una herramienta que utiliza el poder de turno para controlar al otro y mantener así su supremacía. El poder lo ejercen personas, las personas pueden ser “buenas”  o “malas” desde nuestro punto de vista, en consecuencia el poder puede ayudarte como pisarte, crear leyes que te beneficien, que beneficien a ambos o que sean injustas para ti y con esto verificamos la otra cara de la afirmación: “todo lo legal no siempre es correcto”.

© Alejandro Guipe | Derechos Reservados.  http://alejandroguipe.com

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