Conócete a ti mismo


A veces nuestro cuerpo suele comportarse de extrañas formas cuando un gran evento se avecina, sobre todo uno para el cual nos hemos estado preparando mucho tiempo, una cita, un viaje, una presentación, un examen o un discurso. Arritmias, dolores, desmayos, olvidos, descuidos…, la ansiedad puede provocarnos malos ratos sobre todo si no nos conocemos lo suficiente.

En mi caso particular, debo confesar que me considero una persona híper –planificadora, cuando se trata de un asunto que es de relevancia para mí, suelo preparar cada pequeño detalle con bastante antelación para aumentar las probabilidades de tener éxito. Con el tiempo me he dado cuenta que mi forma de prepararme ante los eventos puede representar tanto una virtud como un defecto.

De acuerdo a mi experiencia, cuando planificamos con bastante antelación alguna actividad, vamos desechando gran parte de las amenazas comunes que atentan contra nuestro plan pero irónicamente asignamos al mismo tiempo una mayor probabilidad de que amenazas poco frecuentes interfieran con alcanzar nuestro objetivo final. Por ejemplo: una chica que ha estado ahorrando todo el año para disfrutar de un gran viaje, adquirió los boletos para una temporada determinada en la que estará libre de estudios y trabajo, preparó sus maletas, su itinerario, los sitios que visitaría, el grupo con quien viajaría, la logística de hospedaje y transporte, todas las cosas que necesitaría durante el viaje para que la travesía resultara perfecta, suena complicado y elaborado, pero seguro usted ha tenido que preparar unas vacaciones con el mismo empeño alguna vez. Pero esta chica un par de días antes de su gran viaje presenta un cuadro gripal crónico y al ser examinada por un especialista este determina que requiere reposo y tratamiento, lo cual resulta extraño dado que ha sido una persona históricamente sana. Otro caso pudo ser que esta chica el día anterior al viaje termina tropezando con algún mueble de su casa y termina significativamente lesionada, en cualquier caso, esta chica está a punto de posponer su viaje soñado por un evento aparentemente inesperado. También he escuchado anécdotas de personas que se preparan meses para una presentación o prueba y a la hora de la misma olvidan todo, incluso pasan por alto la fecha o el lugar donde la iban a realizar y terminan perjudicados a pesar de su gran empeño y preparación previa.  Sobran anécdotas de situaciones similares y estas no hacen más que confirmar los efectos que un vago control de la ansiedad puede provocar a veces en nosotros.

Para completar mi reflexión les contaré una anécdota personal que me hizo reflexionar acerca de todo este asunto:

Durante el 2016 preparaba un viaje, cuando se trata de viajes yo suelo planificar casi siempre con un año de antelación, es decir, que esa idea probablemente me surgió en algún punto del 2015 y el 2016 era el año para ejecutarla. La situación económica no era la mejor, confieso que en muchas ocasiones pensé en posponer por no representar una prioridad, sin embargo el largo tiempo de preparación colocaba el objetivo más factible, aumentando mi compromiso y ganas de realizarlo y con el agregado que de acuerdo a la distribución de mis obligaciones y la disponibilidad de la persona con la que tenía planeado viajar, probablemente en el futuro no podría emprender un viaje como el que había previsto en ese entonces, algo que evidentemente aumentaba la presión por llevarlo a cabo y al mismo tiempo ejercía una gran ansiedad sobre mí por preparar cada detalle y reestructurar todo lo que fuese necesario para hacerlo posible, algo a lo que estoy acostumbrado desde hace algún tiempo porque suelo hacer excursiones a diferentes sitios con cierta regularidad y manejo positivamente esa forma de ansiedad.

Sin embargo en aquella ocasión fue ligeramente diferente porque a medida que se acercaba la fecha del viaje más factores externos lo saboteaban o amenazaban con cancelarlo, tanto así que coincidimos con una temporada donde no se conseguían boletos con regularidad al destino que nos dirigíamos y hasta la última hora del día prefijado nos encontrábamos con la incertidumbre de si podríamos o no realizar nuestro viaje. A ésa última hora, con boletos en mano y morrales preparados tiene un lugar un fenómeno de extraño origen, un repentino, fuerte, molesto y punzante dolor en el centro de la palma de mi mano. En aquellos últimos minutos meditaba sobre las posibles causas de aquel síntoma: no había realizado esfuerzo alguno, había tomado mis medicinas como se espera, no me había golpeado o lastimado de manera significativa, me encontraba en óptimas condiciones físicas y de salud, no había ingerido nada fuera de lo regular, no me había picado ningún animal extraño, mi cabeza le daba vueltas al asunto y no hallaba alguna explicación lógica, incluso pensé en que debía recibir atención médica, y meditaba en qué posición de riesgo me pondría o pondría a mi compañera de viaje si aquel síntoma estuviera detrás de algo más grave. Finalmente ante toda aquella maraña de dudas y miedos que empezaron a surgirme, tomé la decisión de emprender el viaje. Estaba consciente de que si aquel asunto persistía me encontraba en la obligación de confesarlo y atenderlo adecuadamente, pero debo admitir que hay cosas que suceden de manera misteriosa y aquel extraño síntoma que surgió súbditamente desapareció al día siguiente como si de una broma pesada se tratara. Entonces durante el viaje tuve el tiempo de reflexionar sobre aquel evento y llegué a la conclusión de que todos alguna vez nos enfrentamos a algún extraño síntoma o suceso antes de emprender hacia un objetivo, ese extraño fenómeno nos invade de dudas, inseguridades, malos presagios e incluso suele ser contagioso si se lo confiesas a alguien que tienen preocupaciones similares y al final podría en realidad no ser más que una mala jugada de la ansiedad y el estrés acumulado ante una meta que aún estamos por lograr.  Ha pasado bastante tiempo desde aquella anécdota y al recordarla me causa algo de risa, porque de haberme precipitado me habría perdido de unos momentos únicos y una irrepetible experiencia.

Finalmente dos recomendaciones que valen también para mí como notas mentales, la primera es que te conozcas a ti mismo. Un conocimiento profundo de la naturaleza de nuestro cuerpo podrá guiarnos en situaciones críticas y podrá permitirnos superar los obstáculos reales o ficticios que se nos presentan, los montañistas tenemos muy presente este hecho.

La segunda recomendación es crear mecanismos que nos permitan relajarnos ante la cercanía de un evento importante, ya que es posible que el estrés y la ansiedad que provoca dicho evento puede terminar generando reacciones en nuestra mente o cuerpo que terminan saboteando nuestro trabajo, como si se tratara de una especie de auto-detención o ¿auto-destrucción?  Supongo que se trata de un aviso de que cierto asunto ha pasado a hacernos daño inconscientemente y el cuerpo reacciona de formas inesperadas con el objetivo de que paremos en lo que hacemos, lo que quizás ignora nuestro cuerpo es que parar a veces implica un saboteo de nuestros sueños o metas que nos han estado costando mucho sacrificio o trabajo.  Por lo tanto, cuando te enfrentes a una situación similar, no olvides relajarte, si estas por cumplir tu meta, cálmate, seguro que lo mejor estar por venir.

© Alejandro Guipe | Derechos Reservados.  http://alejandroguipe.com

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